Dos amigos transforman un residuo agrícola en un producto revolucionario que desafía al plástico en bares y restaurantes. Descubre cómo Francisco Ben y Franco De Stéfano, con una inversión inicial modesta, conquistan el mercado nacional y miran hacia las exportaciones en un contexto de sostenibilidad ambiental.
En el bullicioso ambiente de un bar porteño, una simple observación cambió el destino de dos jóvenes emprendedores. Francisco Ben y Franco De Stéfano, ambos de 26 años y egresados en Administración de Empresas, notaron un sorbete que parecía de madera, pero que en realidad estaba hecho de trigo y provenía de China. "¿Por qué importamos algo que podemos producir aquí, en Argentina, uno de los mayores productores de trigo del mundo?", se preguntaron. Esa chispa de curiosidad los impulsó a renunciar a sus empleos estables y fundar Paja, una empresa que fabrica sorbetes biodegradables a partir del tallo del trigo, un residuo abundante que ahora se convierte en oro verde.
El camino no fue fácil. Durante un año y medio, los socios invirtieron en pruebas y errores, analizando cientos de variedades de trigo para encontrar la ideal: cañas altas y resistentes, opuestas a las cortas usadas comúnmente en agricultura. Con una inversión inicial de apenas u$s10.000 en 2023, y otros u$s40.000 para escalar, superaron desafíos como sequías y la cosecha anual del cereal. En 2025, cosecharon su propio trigo en 15 hectáreas en Bragado, la tierra natal de Ben, y montaron una planta en el barrio Monte Castro de Buenos Aires, empleando a unas 10 personas.
El resultado es un producto estrella: sorbetes que no se ablandan ni deshacen en contacto con líquidos durante días, sin aportar sabor ni químicos, y completamente compostables. Si caen al suelo, se biodegradan y nutren la tierra. "Nuestro enfoque es sostenible de principio a fin", explica Ben. Los descartes se reutilizan en revolvedores biodegradables, minimizando residuos. Aunque un 15-20% más caros que los de cartón premium, su calidad superior ha conquistado a bares, restaurantes, cafeterías y hoteles en 20 provincias argentinas, con distribuidores en ciudades como Bahía Blanca, Rosario y Córdoba.
El éxito es palpable. De producir 150.000 unidades mensuales a inicios de 2025, escalaron a 230.000 al cierre del año. "El desafío no son las ventas, sino la producción", admiten. En febrero, incorporarán nueva maquinaria para alcanzar el millón de sorbetes por mes, consolidando un negocio ya rentable. Y no paran ahí: con interés de mercados como Estados Unidos, Canadá, Uruguay y Chile, planean exportaciones, empezando por el vecino oriental. En un mundo que clama por alternativas al plástico, Paja no solo resuelve un problema ambiental, sino que inspira a una generación de emprendedores a mirar lo local con ojos innovadores.
Esta historia de amistad, ingenio y compromiso ecológico demuestra que una idea simple puede generar un impacto global. En Argentina, donde se producen millones de toneladas de trigo al año, Ben y De Stéfano han convertido un "detalle" en un modelo de economía circular, probando que el futuro de los negocios está en la sostenibilidad.
#EmprendedoresArgentinos #SorbetesEcológicos #NegociosSostenibles #InnovaciónArgentina #TrigoBiodegradable #EconomíaCircular #StartupsVerdes