En medio de una sequía hidrológica que azota a Argentina desde hace más de una década, el cultivo de pistachos en la provincia de San Juan experimenta un boom sin precedentes, posicionándose como una alternativa económica viable, pero chocando de frente con la escasez de agua. Este "oro verde", con precios internacionales que subieron un 17% este año, representa oportunidades de exportación a mercados como China, aunque expertos advierten sobre el riesgo de agotar recursos no renovables en un desierto donde el agua es vital para la supervivencia.
San Juan, una de las regiones más áridas de Argentina, concentra el 90% de la producción nacional de pistachos, con una superficie cultivada que pasó de 1.000 hectáreas en 2013 a entre 7.500 y 8.500 en la actualidad, según datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Este crecimiento responde a condiciones climáticas ideales: inviernos fríos y veranos calurosos y secos, que favorecen un fruto cada vez más demandado globalmente. La producción mundial se proyecta en 1,2 millones de toneladas para 2025, un incremento del 7%, liderada por Estados Unidos, Turquía, Irán y Siria. En Argentina, el sector de frutos secos abarca 22.000 hectáreas, con el pistacho emergiendo como estrella por su rentabilidad, apodado "oro verde" por precios que alcanzan los 23 dólares por kilo.
Sin embargo, este auge se ve ensombrecido por la crisis del agua. La provincia depende del deshielo andino, que ha disminuido drásticamente debido al cambio climático: un 17% menos de hielo en 15 años, 23% en manchas de nieve y una caída equivalente a siete metros en glaciares monitoreados, según el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA). Las lluvias anuales no superan los 100 milímetros, y las sequías son más frecuentes y prolongadas. Leandro Salvioli, investigador del Instituto Nacional del Agua (INA), alerta: “Estamos profundizando cada vez más en el acuífero para encontrar agua que tiene entre 10.000 y 12.000 años de antigüedad. Si no construimos conciencia hídrica, vamos derecho contra un paredón”.
Empresas como Pistachos de los Andes y Prodeman lideran la expansión, invirtiendo en tecnologías de vanguardia. La primera, con 300 hectáreas, logra rendimientos de 2.800 a 3.000 kilos por hectárea al año, utilizando solo 7.000 a 8.000 metros cúbicos de agua por hectárea gracias al riego por goteo, que ahorra hasta un 80%. Marcelo Nemirovsky, propietario de Pistachos de los Andes, defiende el modelo: “Somos una empresa de economía circular, no generamos residuos y utilizamos energía solar”. A su vez, el 97% de las operaciones en el sector emplean tecnología moderna, según Miguel Moreno, secretario provincial de Agricultura.
Pese a estos avances, la sobreexplotación preocupa. Se estiman 15.000 pozos de agua en la provincia, aunque solo 5.370 están autorizados, extrayendo recursos no renovables a un ritmo alarmante. Gonzalo Sánchez Cañete, del INTA San Juan, resume el dilema: “Es interesante para zonas áridas, pero para rendir bien necesita agua, y ese es el reto”. Además, la apertura de China a importaciones argentinas en marzo de 2025 —con un primer envío de nueces pecanas— genera expectativas, aunque el país asiático demanda 170.000 toneladas anuales de pistachos, un volumen que Argentina aún no puede abastecer, ya que los árboles tardan 8 a 10 años en madurar.
En un paisaje donde las plantaciones contrastan como oasis en el desierto con asentamientos indígenas huarpe, el debate se centra en la adaptación: ¿puede el ser humano modificar un desierto o debe ajustarse a él? Salvioli lo plantea claro: “Hay algo de capricho en querer vivir y producir en un desierto. Los seres humanos debemos adaptarnos a eso, y no al revés”. Mientras el sector busca equilibrar crecimiento económico y sostenibilidad, la crisis del agua en San Juan pone en jaque el futuro del pistacho, un cultivo que podría impulsar la economía pero a costa de un recurso cada vez más escaso.
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