Metano: el gas 80 veces más potente que el CO₂ que puede frenar YA el calentamiento global

Sustentabilidad

El metano (CH₄) es la esperanza urgente del planeta: 80 veces más potente que el CO₂ en sus primeros 20 años y responsable de alrededor del 25-30% del calentamiento actual (1,2 °C por encima de niveles preindustriales). A diferencia del dióxido de carbono, que permanece siglos en la atmósfera, el metano se degrada en solo una década. Por eso, recortes drásticos de CH₄ tendrían un efecto casi inmediato en la temperatura global y evitarían cruzar puntos de no retorno irreversibles.

El Informe Global de Estado del Metano 2025, presentado este lunes en la COP30 de Belém por el PNUMA y la Coalición Clima y Aire Limpio (CCAC), lanza una alerta roja: cuatro años después del Compromiso Global de Metano firmado en Glasgow por 159 países y la UE, las emisiones antropogénicas no paran de crecer –más de 350 millones de toneladas (Mt) al año–, con 120 Mt solo del sector energético en 2024. Los planes actuales solo lograrían una reducción del 8% en 2030, muy lejos del 30% prometido, que sería la mayor caída sostenida de la historia.

Si se cumpliera ese 30%, el planeta llegaría a mediados de siglo con 0,2-0,3 °C menos de calentamiento, evitaría más de 180.000 muertes prematuras anuales por ozono troposférico, salvaría 52 millones de toneladas de cultivos y generaría ahorros netos de hasta 470.000 millones de dólares al año en salud, agricultura y daños climáticos, según el PNUMA. Los beneficios superarían los costos de mitigación en más de 2,5 veces, con más del 80% del potencial por debajo de 1.000 dólares por tonelada de metano (equivalente a solo 36 dólares por tonelada de CO₂).

Las fuentes: combustibles fósiles (35%), agricultura (40%) y residuos (20%). El sector energético concentra el 72% del potencial de reducción (86% con medidas como detección y reparación de fugas LDAR y sellado de pozos abandonados), residuos el 18% y agricultura el 10%. Muchas soluciones tienen costo neto cero o negativo: el metano capturado equivale a 100.000 millones de m³ de gas natural comercializable al año, valorados en cientos de miles de millones de dólares.

Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, lo resumió: “Reducir el metano es uno de los pasos más inmediatos, efectivos y rentables que podemos dar para frenar la crisis climática, proteger la salud humana y garantizar la seguridad alimentaria”.

Sin embargo, la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca –EE.UU. fue junto a la UE impulsor del compromiso en 2021 y el mayor emisor fósil individual con unas 40 Mt anuales– genera máxima incertidumbre. Políticas de desregulación podrían revertir hasta el 75% de las reducciones evitables en petróleo y gas.

En paralelo, la COP30 vive un momento histórico: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva exige una hoja de ruta clara para el abandono progresivo de los combustibles fósiles, responsables de un tercio del metano antropogénico. España y la UE lo respaldan con fuerza. La vicepresidenta Sara Aagesen, designada facilitadora por Brasil, defendió este lunes pasar de “petroestados” a “electroestados”. Aunque Arabia Saudí y otros productores petroleros resisten ferozmente, lograr que Belém mandate elaborar esa hoja de ruta para futuras cumbres ya se considera una victoria histórica.

El mensaje desde el Amazonas es rotundo: todavía estamos a tiempo de evitar lo peor, pero solo si pasamos de las promesas a la acción inmediata contra el metano y los combustibles fósiles. Cada año perdido cuesta vidas, ecosistemas y billones de dólares.

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