En las Sierras Grandes de Córdoba, a solo cinco kilómetros de una reserva hídrica protegida, yacen 2,4 millones de toneladas de colas de uranio abandonadas desde 1989. El yacimiento Schlagintweit, operado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) —organismo estatal creado en 1950 bajo la presidencia de Juan Domingo Perón para fomentar el desarrollo pacífico de la energía nuclear en Argentina— extrajo 207 toneladas de uranio pero dejó un legado tóxico: 97.000 m² de escombreras, un millón de toneladas de estériles, 600.000 toneladas de marginales y diques con 120.000 m³ de efluentes —equivalentes a 48 piletas olímpicas— contaminados con radiactividad y metales pesados. #LosGigantes #PasivoAmbiental
La CNEA, con centros atómicos en Bariloche, Ezeiza y Constituyentes, ha impulsado avances como el reactor modular CAREM-25 —el primero íntegramente argentino— y el RA-10, que posicionará al país como exportador de radioisótopos médicos. Sin embargo, en el caso de Schlagintweit, la entidad responsable de la minería uranífera entre 1952 y 1997 ha sido criticada por su desidia: un crédito de 30 millones de dólares del Banco Mundial en 2008 solo remediaron Malargüe (Mendoza), dejando Los Gigantes con estudios preliminares inconclusos. En 2017, la CNEA presentó un Plan de Cierre que reconoce “riesgos para la salud y el ecosistema”, pero el Gobierno de Córdoba no respondió. Hasta 2025, solo parches: la rotura de una geomembrana en el Dique 3 por vientos de 100 km/h (ocurrida en 2021 y reparada en 2024) reactivó alertas, pese a que la CNEA niega filtraciones. #CNEA #DesidiaNuclear
“Dejaron un desastre”, sentencia el geólogo Juan Carlos Ferrero, excoordinador del Pramu. Las montañas de desechos se desplazan por lluvias y vientos, según documentación oficial, amenazando la cuenca alta del río San Antonio, que alimenta el embalse San Roque y provee agua potable a 1,5 millones de cordobeses. #ContaminaciónRadiactiva #Córdoba
Este río, un oasis veraniego, atrae miles de turistas y locales cada diciembre a marzo: balnearios como El Fantasio, Las Jarillas y Ycho Cruz se llenan de familias para baños refrescantes en sus aguas cristalinas, picnics bajo la sombra de sauces y pesca deportiva de truchas. En San Antonio de Arredondo y Villa Carlos Paz, sus cuatro kilómetros de costas fluviales son el escape ideal del calor, con playas de arena, puentes peatonales y zonas de sombra que convierten el río en un destino familiar masivo. Pero la contaminación por uranio —un metal pesado radiactivo con semidesintegración de 4.500 millones de años— podría devastar esta postal: vertidos históricos causaron mortandad de peces en el San Roque, alteración de la flora y daños en animales como vacas con pezuñas carcomidas. Exposición crónica genera cáncer, daños renales, mutaciones genéticas y problemas reproductivos, según expertos como el biólogo Raúl Montenegro (Premio Nobel Alternativo). Un “colapso masivo” por tormentas extremas arrastraría tóxicos río abajo, envenenando el agua potable y afectando a bañistas y pescadores con riesgos inmediatos de ingestión o contacto cutáneo. “Sin estudios epidemiológicos ni plan de emergencia, la salud pública pende de un hilo”, advierte Montenegro. #RíoSanAntonio #TurismoVerano
En 2017, la CNEA presentó un Plan de Cierre que reconoce “riesgos para la salud y el ecosistema”. El Gobierno de Córdoba no respondió. Informes al Banco Mundial confirman vertidos clandestinos durante la operación; el Plan de Gestión de la Reserva Hídrica (2024-2029) registra desbordes contaminantes. Nunca se hicieron estudios epidemiológicos. #EmergenciaAmbiental #SaludPública
“Para un kilo de uranio, se removieron mil kilos de mineral”, explica el periodista Cristian Basualdo. Argentina extrajo 2.600 toneladas de uranio entre 1952 y 1997, generando residuos eternos. La remediación de Los Gigantes cuesta 66 millones de dólares; un crédito del Banco Mundial solo alcanzó para Malargüe. #MineriaUranio #ResiduosEternos
La Ley 25.018 crea un fondo para residuos radiactivos, pero aún no se reglamenta. Montenegro ironiza: “¿Le interesará a Milei remediar esto?”. Tras 36 años de abandono, Schlagintweit es el símbolo nacional de la desidia nuclear. La población downstream —y los veraneantes— sigue sin plan ante el peor escenario. #MileiAmbiental #ArgentinaNuclear
Córdoba exige respuestas: ¿hasta cuándo el silencio oficial ante un río que enamora y envenena? #AcciónUrgente #JusticiaAmbiental