Sigue creciendo la “bomba de mercurio” del Ártico y está cada vez mas cerca

Sustentabilidad

El mercurio liberado a la atmósfera por fuentes como la combustión de carbón y la minería de oro, puede permanecer en el aire durante aproximadamente un año. Sin embargo, una vez que entra en el océano, puede persistir durante más de 300 años. Significa que convierte a las corrientes marinas actúan como un vehículo lento, pero imparable. Según los investigadores esto explica por qué, pese a los avances del Convenio de Minamata de la ONU, el mercurio sigue siendo una amenaza constante en esta región.

El mercurio, clasificado como una potente neurotoxina, tiene la capacidad de acumularse en los tejidos de los peces que forman parte de la dieta humana. Esto significa que las personas están expuestas al metal mediante el consumo de productos marinos, especialmente en zonas donde la contaminación fluvial es elevada.

Una nueva investigación danesa constató que las corrientes oceánicas se convirtieron en una fuente importante de contaminación por mercurio en el Ártico. Significa que, incluso con las actuales reducciones de emisiones, el Ártico podría seguir experimentando niveles elevados de mercurio durante siglos, afectando la biota y la salud de las comunidades indígenas de la zona, a pesar de la reducción global de emisiones de mercurio. El permafrost ártico acumuló mercurio durante miles de años, pero el derretimiento del hielo provocado por el cambio climático podría liberar grandes cantidades de este metal pesado, amenazando el medioambiente.

Las concentraciones de mercurio en la fauna del Ártico siguen creciendo. Un estudio publicado en recientemente en Nature Communications por investigadores de la Universidad de Aarhus y la Universidad de Copenhague revela que las corrientes oceánicas podrían estar transportando la contaminación heredada por mercurio al Ártico, lo que representa una amenaza a largo plazo para los ecosistemas y la salud humana.

Aunque inquietante, el tema no es nuevo. A fines del año pasado científicos advirtieron en un estudio publicado en Environmental Research Letters que el metal pesado acumulado que es una "bomba gigante" que podría explotar en cualquier momento y propagar este material por Alaska y el Ártico, provocando una gran amenaza para la naturaleza y los seres humanos.

El río Yukón se origina en Canadá. Cruza por gran parte de Alaska y desemboca en el mar de Bering. El torrente erosiona el permafrost de sus orillas y arrastra sedimentos río abajo, por lo que el metal tóxico podría propagarse rápidamente en el medioambiente. Si bien el mercurio liberado por el derretimiento del permafrost causado por el calentamiento global no representa actualmente un peligro, las cantidades de este material aumentarán seguramente en el futuro y contaminarán el agua, los peces y otros animales de la zona, implicando también una amenaza para los humanos.

Ahora los autores de la nueva investigación sobre el mercurio acumulado plantean que, a medida que el Ártico se calienta hasta cuatro veces más rápido que la media mundial debido al cambio climático, el mercurio almacenado en el hielo milenario del permafrost amenaza con liberarse velozmente a través del flujo del río Yukón. "Podría haber una bomba gigante de mercurio en el Ártico a punto de explotar", afirmó la Universidad de California del Sur. "Hemos monitoreado el mercurio en los animales del Ártico durante más de 40 años. A pesar de la disminución de las emisiones globales desde la década del ‘70, no observamos una disminución correspondiente en las concentraciones en el Ártico; al contrario", afirmó el profesor Rune Dietz de la Universidad de Aarhus.

Los investigadores analizaron ahora más de 700 muestras ambientales - incluyendo tejidos de osos polares, focas, peces y turba - de Groenlandia, recolectadas durante los últimos 40 años. Al examinar la composición de seis isótopos comunes de mercurio, identificaron diferencias regionales distintivas que se alinean con los patrones de las corrientes oceánicas. El estudio detectó concentraciones de mercurio hasta 30 veces superiores a las del periodo preindustrial. Esto no solo pone en riesgo la salud y la reproducción de los animales, sino también la de las comunidades indígenas que dependen de ellos para su alimentación.

"Estas firmas isotópicas actúan como huellas dactilares, revelando las fuentes y las vías de transporte del mercurio", explica el investigador principal Jens Sandergaard, de la Universidad de Aarhus. Por ejemplo, el centro-oeste de Groenlandia está influenciado por la afluencia del Atlántico a través de la corriente de Irminger, mientras que otras regiones están dominadas por las corrientes del océano Ártico.

El mercurio es una potente neurotoxina. En los principales depredadores del Ártico, como los osos polares y las ballenas dentadas, las concentraciones son ahora entre 20 y 30 veces superiores a las de antes de la industrialización. Eso supone graves riesgos para la salud no solo de la fauna silvestre, sino también de las comunidades indígenas que dependen de los mamíferos marinos para su alimentación. "El mercurio afecta el sistema inmunitario, la reproducción y posiblemente las funciones sensoriales de los animales, lo que puede afectar su supervivencia", aseguró el profesor Christian Sonne de la Universidad de Aarhus.

Los hallazgos tienen implicaciones significativas para el Convenio de Minamata sobre el Mercurio de la ONU, cuyo objetivo es reducir la contaminación global por mercurio. El estudio ofrece una posible explicación de por qué los niveles de mercurio en la biota ártica se mantienen elevados a pesar de la disminución de las emisiones atmosféricas. "El transporte de mercurio desde fuentes importantes como China hasta Groenlandia a través de las corrientes oceánicas puede tardar hasta 150 años", afirmó Rune Dietz. Significa que aunque reduzcamos las emisiones hoy, el mercurio que ya está en el océano; puede tardar siglos en desaparecer.