En un discurso que ha desatado un torbellino en redes sociales y foros diplomáticos, el presidente colombiano Gustavo Petro tildó a su par estadounidense Donald Trump de "enemigo de la humanidad" durante la inauguración de la COP30, la cumbre climática de la ONU que congrega a más de 60 jefes de Estado en la Amazonía brasileña. Con el planeta acumulando 1,42 °C de calentamiento por encima de niveles preindustriales solo en los primeros ocho meses de 2025 –un récord que acelera el ritmo hacia los 2,3-2,5 °C de incremento global para 2100 según el Informe de Brecha de Emisiones de la ONU–, Petro no solo rechazó la ausencia de Trump y su mantra "drill, baby, drill", sino que lanzó una propuesta económica monumental: US$500 mil millones en inversiones para electrificar América Latina con renovables, un plan que podría generar 1.400 gigavatios anuales de energía limpia y descarbonizar hasta el 100% de las matrices eléctricas desde la Patagonia hasta Alaska, incluyendo a Estados Unidos.
La respuesta de Washington fue un muro de sanciones y diplomacia fría, reafirmando medidas contra Petro y su familia por supuestos lazos con el narcotráfico, en medio de tensiones que amenazan la cooperación bilateral mientras el lobby fósil de Trump podría sumar 500 millones de toneladas adicionales de CO2 a las emisiones estadounidenses para 2030.
La COP30, presidida por el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y apodada la "cumbre de la verdad", arranca con alertas rojas: desde el Acuerdo de París en 2015, la temperatura global ha subido 0,46 °C en una década, la más rápida registrada, con huracanes como Milton y Helene dejando más de US$100 mil millones en daños solo en EE.UU. en 2024. Petro, en su intervención ante la plenaria, vinculó este caos a las políticas de Trump, que desde enero de 2025 han revocado límites a emisiones de gases de efecto invernadero, acelerando la producción de petróleo y gas en un 20% y proyectando un aumento de 2,8 °C en el calentamiento global si se mantienen. "El presidente Trump está contra la humanidad: su negacionismo climático y su ausencia aquí representan una negación de la ciencia que nos lleva al colapso", fustigó Petro, citando cómo el eslogan trumpista de "taladrar sin parar" ignora que las emisiones de EE.UU. –13% del total global– podrían dispararse en 15% para 2026 bajo el Proyecto 2025, que prioriza fósiles sobre renovables y ha paralizado más de 200 proyectos eólicos y solares en estados como Texas y California.
Económicamente, el pulso es brutal. América Latina, con la mayor penetración de renovables entre regiones emergentes (40% de su matriz eléctrica de hidroeléctricas), vio sus inversiones en energías limpias escalar a US$70 mil millones en 2025, un 25% más que en 2024, según el Informe Mundial de Inversión en Energía de la AIE. Sin embargo, el cambio climático amenaza con recortar el PIB per cápita regional en 0,8-6,3% para 2030 y hasta 23% para 2050, con pérdidas anuales estimadas en US$100 mil millones por sequías, inundaciones y deforestación. Petro contrapone esto con su visión cuantificada: los US$500 mil millones –financiados por fondos árabes, chinos, europeos y estadounidenses– permitirían expandir la capacidad solar y eólica en 40-150 veces entre 2023 y 2052, solo en Colombia, generando más de 1 millón de empleos verdes y exportando "vida" al norte. En su país, propone reconvertir 80 mil hectáreas de cultivos de coca abandonados en selva regenerada, un "borde natural" amazónico que podría absorber 50 millones de toneladas de CO2 anuales, mientras la región necesita US$2,5 billones globales en finanzas climáticas para 2030, de los cuales solo fluyen US$100 mil millones actualmente, un 4% del total prometido.
La réplica de Washington fue inmediata y económica: el Departamento de Estado reafirmó sanciones personales contra Petro, su familia y el ministro del Interior Armando Benedetti, por "ataques infundados" al asesor Marco Rubio, pero mantuvo el compromiso con Colombia, un socio que recibe US$500 millones anuales en ayuda antidrogas. Fuentes diplomáticas en Bogotá hablan de "tensiones crecientes", exacerbadas por la descertificación de Colombia en 2024 y el veto trumpista a fondos climáticos, que ha congelado US$3 mil millones en proyectos renovables. Líderes como el chileno Gabriel Boric y Lula respaldaron a Petro, cuestionando cómo el "drill, baby, drill" de Trump –que ha elevado la producción de crudo de EE.UU. a 13 millones de barriles diarios en 2025– margina a estados vulnerables como Florida, expuestos a huracanes que costaron US$50 mil millones en 2024.
En el corazón de la COP30, que se extiende hasta el 21 de noviembre, la propuesta de Petro emerge como un faro económico: con US$40 mil millones ya delineados para eliminar fósiles en Colombia para 2050, la región podría liderar una transición que evite el "apocalipsis real", atrayendo US$1 billón en inversiones privadas si se alinean políticas. ¿Olvidará la historia a Trump, como predijo Petro, o prevalecerá el lobby del petróleo que genera US$4 billones globales al año? Con el planeta en punto de no retorno –corales colapsando en 50% y migraciones climáticas superando 200 millones para 2050–, el Sur global exige no promesas, sino dólares y acción.
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