Trump arrastra a Estados Unidos al club de los peores del mundo en cambio climático: solo Arabia Saudí, Irán y Rusia hacen menos que él

Energías Limpias

En el epicentro de la COP30, la cumbre climática que congrega a líderes mundiales en la Amazonia brasileña, se ha destapado un informe demoledor: el Índice del Desempeño de Cambio Climático (CCPI) 2025 revela el desplome histórico de Estados Unidos al colista del ranking global, hundido por las políticas negacionistas de Donald Trump. Mientras el gigante norteamericano ve dispararse sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en hasta 800 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2e) para 2030, España irrumpe con fuerza en el puesto 14, escalando cinco posiciones gracias a un 53% de energía renovable en su mix y una reducción del 9,4% en emisiones de CO2 solo en 2025. Este contraste no es solo ambiental: la inacción climática podría costar al mundo hasta un 34% del PIB global para 2100 si las temperaturas suben 3°C, equivalentes a billones de dólares en pérdidas productivas.

El CCPI 2025, elaborado por Germanwatch, NewClimate Institute y CAN International con la visión de más de 450 expertos, evalúa a 63 países responsables del 90% de las emisiones globales de GEI. En su 21ª edición, el informe pondera cuatro pilares: reducción de GEI (40% del puntaje), energías renovables (20%), uso de energía (20%) y políticas climáticas (20%). Los tres primeros puestos quedan vacantes, un recordatorio punzante de que ninguna nación es lo suficientemente ambiciosa. Dinamarca, con un score de 78,37 puntos, se corona en el cuarto lugar por su liderazgo en renovables, seguida por Países Bajos, Suecia y el Reino Unido. Marruecos y Chile cierran el top 10, destacando transiciones emergentes en el Sur Global.

Pero el foco está en el abismo: Arabia Saudí ocupa el penúltimo puesto (66º), un petroestado que ha maniobrado durante años para diluir ambiciones en cumbres como esta, con emisiones per cápita que superan las 15 toneladas de CO2 anuales. Le anteceden Irán (67º), Emiratos Árabes Unidos (65º) y Rusia (64º), todos con scores por debajo de 50 puntos y políticas atadas a fósiles que representan el 17,9% de las emisiones globales de metano (CH4) en 2024. Estados Unidos, con un desempeño "muy bajo", cae al grupo de los cuatro peores, empatado en la irrelevancia climática. Sus emisiones totales de CO2 alcanzaron 5.000 Mt en 2024, un 0,8% más que en 2023, impulsadas por la revocación de 13.000 millones de dólares en fondos para energías verdes y la expansión de perforaciones fósiles. Bajo la "segunda presidencia de Trump", el país ha visto un retroceso masivo: salida del Acuerdo de París (efectiva en enero 2026), ausencia de delegados en Belém y amenazas de aranceles a aliados que impulsan impuestos al transporte marítimo, un sector responsable del 3% de las emisiones globales.

Los números económicos son escalofriantes. La inacción de Trump podría elevar las emisiones estadounidenses en 600-800 MtCO2e para 2030, traduciéndose en 1,3 millones de muertes adicionales por calor extremo en países vulnerables y una pérdida de 26-41% en reducción de GEI proyectada para 2040 versus 2005. Globalmente, el cambio climático ya devoró 640.000 millones de horas laborales en 2024, con pérdidas de productividad por 1,09 billones de dólares, y se estima que la adaptación en países en desarrollo requerirá 310-365.000 millones de dólares anuales para 2030. En EE.UU., las políticas pro-fósiles no solo fallan en beneficiar a la industria petrolera –cuya capitalización bursátil cayó hasta un 28% en abril 2025– sino que elevan costos energéticos para consumidores en hasta 20%, ahogando manufactura y agricultura.

En contraste, España emerge como faro de esperanza en la COP30. Con un score global de 65 puntos, el país ibérico integra la legislación de la UE en sus planes nacionales, logrando una reducción anual del 4,1% en emisiones desde 2016 y un 16,1% de absorciones netas en el sector LULUCF (uso de suelo) en 2022. Su apuesta por renovables –solar y eólica al 53% del mix en 2025– ha impulsado una caída del 12,5% en el uso de ciclos combinados y posiciona al país para un corte del 30% en GEI para 2030 desde 2023. Económicamente, el 66% de las empresas españolas invierten en mitigación climática, superando el promedio europeo del 61%, con proyecciones de salvaguarda del 11-27% del PIB acumulado hasta 2100 mediante acción verde. La vicepresidenta Sara Aagesen, al frente de Transición Ecológica, defiende en Belém políticas fiscales verdes y criterios climáticos en contratación pública, vitales para desmantelar combustibles fósiles que aún representan el 74,5% de las emisiones globales de CO2 fósil en 2024.

La ausencia de Washington en la cumbre no silencia las voces disidentes. El senador demócrata Sheldon Whitehouse, desde el pabellón español, tildó al gobierno Trump de "corrompido por la industria fósil", una agenda "comprada y pagada" que prioriza ganancias sobre vidas. El gobernador de California, Gavin Newsom, potencial candidato presidencial, arremetió: "Trump es temporal, imprudente, caótico". "Hay que plantarse ante un matón", urgió, en un llamado que resuena en Belém: ¿se atreverá el mundo a avanzar sin el socio más grande, responsable del 13% de las emisiones globales junto a China (26%) e India (7%)?

En un multilateralismo herido, la COP30 no solo mide fracasos, sino oportunidades. Con emisiones globales en récord de 37,8 gigatoneladas de CO2 en 2024 y costos de inacción que podrían recortar el 30% del PIB mundial, la decisión es clara: actuar o pagar caro. España, con su ascenso, demuestra que la ambición paga –en empleos verdes, competitividad y supervivencia.

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