En un remoto rincón del montañoso Tíbet, China ha iniciado la construcción de su proyecto más ambicioso hasta la fecha: la megapresa Motuo, un colosal complejo hidroeléctrico en el río Yarlung Tsangpo. El pasado 19 de julio, el primer ministro Li Qiang presidió la ceremonia de inicio de las obras, proclamándola como la “obra del siglo”.
No es para menos: esta infraestructura promete generar 300 teravatios-hora (TWh) anuales, triplicando la capacidad de la presa de las Tres Gargantas, hasta ahora la mayor del mundo, cuyas dimensiones, según la NASA, han llegado a afectar la rotación de la Tierra. Con un costo de 167 000 millones de dólares, este proyecto se sitúa entre las obras de infraestructura más caras de la historia, comparable a la Estación Espacial Internacional.
Una Obra de Ingeniería Sin Precedentes
La megapresa Motuo aprovechará un desfiladero único donde el río Yarlung Tsangpo desciende 2000 metros en apenas 50 kilómetros alrededor del monte Namcha Barwa, otorgándole un inmenso potencial hidroeléctrico. El proyecto incluye cinco centrales hidroeléctricas en cascada alimentadas por túneles de hasta 20 kilómetros, que desviarán el agua para generar electricidad. Según Capital Economics, esta obra aportará más del 3% de la energía renovable mundial, superando la producción de países como Alemania, Japón, Rusia o España. La energía generada abastecerá principalmente a las ciudades del este de China, como parte de la estrategia de transferir energía desde el oeste.
La magnitud del proyecto es abrumadora. Se estima que requerirá tanto cemento como el usado anualmente en Alemania y tanto acero como el consumido en Eslovenia, suficiente para construir 116 rascacielos como el Empire State o llenar 50 presas Hoover, según Bloomberg. Además, generará más de 200 000 empleos, dinamizando las economías locales y absorbiendo el 1,6% de las exportaciones anuales de acero chino en 2024, aliviando el excedente del sector siderúrgico.
El Poder Hidroeléctrico de China
China lidera el mundo en energía hidroeléctrica, con más de 94 000 presas y una capacidad instalada de 436 millones de kilovatios hasta diciembre de 2024, de los cuales 377 millones de kilovatios provienen de la hidroelectricidad convencional. Esto genera 1,42 billones de kWh anuales, representando el 57% de la producción renovable del país. Además de la presa de las Tres Gargantas (22 500 MW, entre 88 200 y 112 000 millones de kWh anuales), destacan la presa de Xiluodu (13 860 MW) y la presa de Baihetan (16 000 MW). Estas infraestructuras han consolidado a China como referente global en energía limpia, con un sistema renovable que en 2024 superó sus metas previstas para 2030.
Beneficios y Desafíos de la Megapresa
La megapresa Motuo es un pilar clave para la transición energética de China, reduciendo su dependencia del carbón y estabilizando el suministro eléctrico gracias a la flexibilidad de la hidroelectricidad, que permite gestionar la producción a demanda, a diferencia de la energía eólica o solar, según el analista de Bloomberg, Dan Murtaugh. Sin embargo, David Oxley de Capital Economics advierte que, aunque significativa, su impacto no será tan transformador, ya que en 2024 China añadió más capacidad renovable mediante proyectos eólicos y solares.
Controversias Ambientales y Geopolíticas
El proyecto no está exento de controversia. Comunidades tibetanas protestan por el desplazamiento de poblaciones y la alteración de ecosistemas frágiles en el cañón más profundo del mundo. Países vecinos como India y Bangladés, dependientes del río Brahmaputra (continuación del Yarlung Tsangpo), temen que la presa reduzca el caudal fluvial, afectando la seguridad hídrica y los ecosistemas. El ministro principal de Arunachal Pradesh, Pema Khandu, calificó la obra como una “amenaza existencial” para las comunidades locales, mientras algunos temen que China pueda usar el control del río como herramienta geopolítica.
Un Hito para la Descarbonización
La megapresa Motuo, que estará operativa en 2033, no solo simboliza la ambición de China, sino que redefine el futuro de la energía global. En un mundo que busca descarbonizarse, este proyecto marca un hito, aunque su impacto ambiental y social seguirá generando debate. Con la mirada puesta en el Tíbet, el planeta observa cómo China transforma el equilibrio energético mundial.