Etiopía inaugura la mayor presa hidroeléctrica de África, tensando relaciones por el control del Nilo

Energías Limpias

Etiopía ha marcado un hito histórico con la inauguración de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), la mayor infraestructura hidroeléctrica de África. Con un costo de 4.800 millones de dólares y 14 años de construcción, esta obra colosal, ubicada en la región de Benishangul-Gumuz, a solo 15 kilómetros de la frontera con Sudán, promete suministrar electricidad a todo el este de África. Sin embargo, la presa, situada en el Nilo Azul, ha desatado una disputa internacional con Egipto y Sudán, quienes la consideran una amenaza existencial para sus recursos hídricos.

La GERD, con una altura de 145 metros, una longitud de 1,8 kilómetros y un embalse de 74.000 millones de metros cúbicos (mayor que la ciudad de Londres), tiene una capacidad de 5.150 megavatios, aunque inicialmente se proyectó para alcanzar los 6.000 MW. Este proyecto permitirá duplicar la capacidad eléctrica de Etiopía, un país donde cerca del 45% de sus 135 millones de habitantes carece de acceso a electricidad, dependiendo de combustibles como leña o carbón. Las autoridades etíopes planean exportar energía a países vecinos como Kenia, Sudán del Sur, Yibuti y Tanzania, consolidando su posición como potencia energética regional. Desde 2022, varias turbinas ya generan 1.500 megavatios, y se espera que, a pleno rendimiento, la presa produzca más de 15.700 gigavatios-hora anuales.

Financiada en gran parte con bonos y aportaciones ciudadanas, la GERD es un símbolo de soberanía nacional para Etiopía, especialmente tras el fin de la guerra de Tigray en 2022, un conflicto que dejó 600.000 muertos. El primer ministro Abiy Ahmed ha destacado que la presa no es una “amenaza, sino una oportunidad conjunta” para los países de la región, promoviendo beneficios como el control de inundaciones catastróficas en Sudán y el suministro de energía renovable al Cuerno de África.

Sin embargo, Egipto y Sudán han expresado su firme oposición, argumentando que la construcción, iniciada en 2011 sin su consentimiento, viola sus “derechos históricos naturales” sobre el Nilo, basados en tratados de 1929 y 1959 firmados entre El Cairo, Londres y Sudán. Egipto, que depende del Nilo para el 97% de sus necesidades hídricas, ha calificado la GERD como una “amenaza existencial” para sus 110 millones de habitantes. En un comunicado conjunto, ambos países han advertido que la presa representa una “amenaza continua para la estabilidad” en la cuenca oriental del Nilo, según el derecho internacional. El Ministerio de Exteriores de Egipto, en una misiva al Consejo de Seguridad de la ONU, afirmó que “no permitirá los intentos etíopes de controlar unilateralmente la gestión de los recursos hídricos”.

Las tensiones se han intensificado desde el inicio del llenado del embalse en 2020, completado en su cuarta y última fase en septiembre de 2023. Las negociaciones, iniciadas en 2015, no han fructificado, con la última ronda en diciembre de 2023 terminando sin acuerdos. Egipto ha advertido que se reserva el derecho de defender su seguridad hídrica y nacional, mientras Sudán ha expresado preocupaciones sobre la seguridad estructural de la presa, los vertidos incontrolados de agua y la gestión en años de sequía severa. Un estudio de 2019 publicado en Earth’s Future proyecta que la demanda de agua en la cuenca del Nilo podría superar la oferta para 2030, exacerbando las tensiones.

Por otro lado, el presidente de Kenia, William Ruto, ha elogiado la GERD como una “declaración panafricana” que refleja la ambición de la Unión Africana por lograr conectividad energética continental. La presa también se alinea con los objetivos de Etiopía de promover vehículos eléctricos, tras convertirse en 2024 en el primer país del mundo en prohibir la importación de vehículos de combustión.

A pesar de los beneficios energéticos, el costo humano ha sido elevado. Según el ministro de Energía y Aguas etíope, citado por Bloomberg, miles de personas murieron durante la construcción. Además, expertos advierten sobre el impacto ambiental y social en las comunidades locales y el riesgo de tensiones renovadas si no se establece un protocolo claro de coordinación hídrica. La GERD, un proyecto que combina ambición y controversia, seguirá siendo un punto de inflexión en las relaciones geopolíticas del noreste de África.