En medio de una creciente controversia ambiental en Nordelta, grupos de defensores de animales y vecinos alertan sobre operativos para desalojar carpinchos, ignorando un amparo judicial que protege su hábitat natural. Esta situación resalta la tensión entre urbanización y preservación de humedales en barrios cerrados de Buenos Aires, generando indignación en redes sociales y llamados a la acción inmediata.
La polémica estalló este fin de semana cuando la Dirección de Flora y Fauna de la provincia de Buenos Aires instaló jaulas trampa en diferentes barrios de Nordelta para capturar y trasladar a unos 30 carpinchos machos, dejando atrás hembras preñadas y crías vulnerables. Ambientalistas denuncian que esta medida viola un fallo de la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo de San Martín, emitido en noviembre de 2025, que ordenó suspender cualquier intervención sobre los animales y adaptar el barrio a su condición de humedal protegido.
Según la agrupación Carpinchos Nordelta Somos Su Voz, las autoridades pretenden "arrancar a los carpinchos de su hogar así nomás", priorizando un plan piloto que incluye traslados a una reserva privada en Tigre. "Este es su hábitat y la gente que compra acá sabe que es así", afirmó Nora Portella, una vecina de Nordelta que rechaza el operativo y exige la instalación de rampas en los espejos de agua para evitar ahogamientos de crías. Los defensores destacan que el barrio, con sus lagos y costas artificiales, representa un riesgo mortal para la especie si no se adecua al ecosistema natural.
Vecinos autoconvocados mantienen una vigilia desde la madrugada del domingo en el barrio Silvestre, entrada sur de Nordelta, para impedir el desalojo. A pesar de una cautelar judicial que prohíbe traslados y una apelación pendiente, la Justicia habilitó los procedimientos este lunes, lo que ha generado protestas y un llamado a la sociedad para visibilizar la lucha por la protección animal. El conflicto subraya cómo los avances urbanísticos en humedales ignoran fallos previos, como el que en 2025 declaró que "Nordelta debe adecuarse al humedal" y frenó obras que alteren la vegetación nativa o experimentos sobre los carpinchos.
Esta situación no solo pone en jaque el equilibrio ecológico de la zona, sino que expone la contradicción entre el lujo de barrios cerrados y la responsabilidad ambiental. Mientras las autoridades defienden el traslado selectivo como una medida de control, los ambientalistas advierten que podría alterar irreversiblemente el ecosistema, dejando a las crías expuestas y promoviendo un modelo de desarrollo insostenible.
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