Uruguay se consolida como el líder indiscutible en la adopción de vehículos eléctricos per cápita en América Latina, con un crecimiento explosivo del 147% en ventas durante 2025. Esta transición energética sostenible, impulsada por una matriz renovable al 99% y altos precios de la gasolina, representa un modelo para el continente, pero enfrenta desafíos como la infraestructura rezagada y el manejo de baterías. Descubre cómo este pequeño país sudamericano está revolucionando la movilidad eléctrica y qué barreras podría frenar su avance.
Montevideo, la capital uruguaya, ya no resuena con el rugido de motores antiguos como los Chevrolet Bel Air o Volkswagen Escarabajo. En su lugar, una revolución silenciosa avanza: autos eléctricos surcan las calles, simbolizando un cambio profundo. El presidente Yamandú Orsi marcó el tono al asumir su cargo en marzo en un vehículo eléctrico, un gesto que resalta la apuesta nacional por la sostenibilidad. Según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), Uruguay registra 5.382 vehículos eléctricos livianos por millón de habitantes a diciembre de 2024, superando a naciones como Costa Rica.
El boom es evidente en las cifras: en 2025, uno de cada cinco vehículos cero kilómetros vendidos fue eléctrico, alcanzando el 20% del mercado, con un pico del 30% en enero. La Asociación del Comercio Automotor del Uruguay (Acau) reporta cerca de 14.400 unidades comercializadas en un año, en un país de apenas 3,5 millones de habitantes. Expertos como Juan Diego Celemin, de la organización Zemo, lo describen como un "crecimiento francamente explosivo", posicionando a Uruguay al nivel de Europa con tasas similares.
Detrás de este éxito radica una transición energética iniciada en 2010, un pacto multipartidario que prioriza fuentes renovables como hidráulica, eólica, biomasa y solar, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados. Sin petróleo ni gas propio, Uruguay paga la gasolina más cara de la región (alrededor de US$2 por litro), lo que hace que cargar un eléctrico sea hasta 10 veces más económico. Usuarios como Lucía Bonilla lo confirman: "Cargar el auto en casa cuesta US$51 al mes, contra los US$386 en gasolina. En menos de cuatro años, recuperaremos la inversión".
La empresa estatal Ute juega un rol clave, expandiendo una red de cargadores públicos cada 50 km y ofreciendo tarifas preferenciales. Marcas chinas dominan el mercado, extendiéndose al transporte público y generando un "efecto contagio". Sin embargo, no todo es idílico. La infraestructura no sigue el ritmo del parque automotor, provocando "ansiedad de rango" en un país compacto (menos de 600 km de extremo a extremo). Además, un decreto reciente regula el tratamiento de baterías de más de 1 kW, pero su implementación es incipiente, planteando riesgos ambientales y comerciales.
Celemin advierte: "El mercado crecerá, pero la pregunta es cuánto". Críticas surgieron con un aumento del 5% en tarifas eléctricas, y problemas como la lentitud en cargadores al 80% de batería generan filas. Pese a estos límites, Uruguay inspira a la región: su estabilidad política y incentivos fiscales eliminan barreras, fomentando una movilidad que reduce emisiones y ahorra bolsillos.
Esta revolución eléctrica uruguaya no solo transforma calles, sino que desafía paradigmas en América Latina, donde solo el 6% de vehículos nuevos son eléctricos. ¿Podrá mantener el liderazgo? El futuro depende de resolver estos bottlenecks para un avance verdaderamente sostenible.