Fukuoka, Japón, se posiciona como pionera en la generación de energía renovable con la inauguración de la segunda central de energía osmótica a escala global. Esta planta, que aprovecha la mezcla controlada de agua dulce y salada, promete suministrar electricidad constante a la red local, operando día y noche sin depender de factores climáticos.
La central de Fukuoka, superando en tamaño a un prototipo previo en Dinamarca, genera aproximadamente 880.000 kilovatios hora al año, según datos de la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS). Este volumen es suficiente para abastecer el consumo energético de unos 220 hogares japoneses. Además, la planta contribuye al funcionamiento de una instalación de desalinización que provee agua potable a la ciudad y zonas aledañas, combinando la producción de energía limpia con la gestión de recursos hídricos.
La tecnología se basa en la ósmosis, un proceso natural donde el agua fluye a través de una membrana semipermeable desde una solución menos salina hacia otra de mayor salinidad. Este movimiento genera un aumento de volumen en el lado salado, que impulsa una turbina para producir electricidad. La planta de Fukuoka optimiza este mecanismo con bombas y membranas diseñadas para minimizar pérdidas de energía, un desafío técnico destacado por los ingenieros del proyecto. El uso de salmuera de desalinización, como señala la profesora Sandra Kentish de la Universidad de Melbourne, aumenta la diferencia de concentraciones salinas, incrementando la eficiencia energética.
Por qué Japón lidera en energía osmótica
Japón ha tomado la delantera en la energía osmótica frente a países como Noruega y Corea del Sur debido a una combinación de factores estratégicos, tecnológicos y geográficos. En primer lugar, la planta de Fukuoka, inaugurada en agosto de 2025, se beneficia de la infraestructura existente de desalinización, que proporciona salmuera concentrada, un recurso clave para maximizar la eficiencia energética. La inversión de 700 millones de yenes (aproximadamente 4,8 millones de dólares) por parte de la Fukuoka District Waterworks Agency refleja un compromiso local y nacional con la innovación en energías renovables. Además, Japón cuenta con el respaldo de empresas como Toyobo, que ha desarrollado membranas de ósmosis avanzadas utilizadas tanto en la planta danesa de Mariager como en Fukuoka, lo que posiciona al país como un centro de innovación tecnológica en este campo.
Por otro lado, Japón enfrenta una necesidad urgente de diversificar su matriz energética tras el desastre nuclear de Fukushima en 2011, que llevó a una dependencia del 73% en combustibles fósiles en 2022. La energía osmótica, al ser constante y no dependiente del clima, se alinea con los objetivos nacionales de aumentar las renovables al 36-38% para 2030. La ubicación estratégica de Fukuoka, con acceso a agua de mar y fuentes de agua dulce tratada, junto con el apoyo de expertos como Akihiko Tanioka, profesor emérito del Instituto de Ciencia de Tokio, ha permitido a Japón superar los obstáculos técnicos y económicos que frenaron a otros países.
Ensayos piloto en Noruega y Corea del Sur
El éxito de Fukuoka contrasta con los ensayos en Noruega y Corea del Sur, que, aunque pioneros, no han logrado mantener el impulso hacia plantas comerciales operativas. En Noruega, la empresa estatal Statkraft abrió en 2009 el primer prototipo mundial de energía osmótica en Tofte, utilizando ósmosis retardada por presión (PRO). Este prototipo, con una capacidad de 2-4 kW, procesaba 10 litros de agua dulce y 20 litros de agua salada por segundo, y sirvió para probar componentes y membranas. Se invirtieron cerca de 100 millones de coronas noruegas (unos 12 millones de dólares) en investigación, con planes para escalar a una planta de 1-2 MW en Sunndalsøra. Sin embargo, en 2013, Statkraft abandonó el proyecto debido a la baja eficiencia de las membranas (alrededor de 1-2 W/m² frente a los 5 W/m² necesarios) y los altos costos, que hacían la tecnología poco competitiva frente a otras renovables como la eólica y la solar. La planta de Tofte dejó de operar en 2014, y desde entonces Noruega no ha reactivado proyectos comerciales de energía osmótica, enfocándose en otras fuentes como la hidroeléctrica y la eólica marina.
En Corea del Sur, los esfuerzos en energía osmótica se han limitado a ensayos piloto a pequeña escala, sin evidencia de plantas operativas a gran escala en 2025. Aunque el país ha explorado tecnologías oceánicas renovables, como la planta de energía de marea de Uldolmok (1 MW) en Jindo, operativa desde 2011, los proyectos de energía osmótica no han progresado más allá de pruebas experimentales. Los desafíos incluyen la falta de inversión sostenida y la priorización de otras renovables, como la solar y la nuclear, impulsadas por políticas gubernamentales que buscan estabilidad energética tras cambios frecuentes en las prioridades políticas. Además, la ausencia de una infraestructura de desalinización tan desarrollada como la de Japón limita el acceso a salmuera concentrada, un factor clave para la eficiencia osmótica.
Potencial global y desafíos técnicos
Los ensayos en Noruega y Corea del Sur confirman el potencial de la energía osmótica, pero también destacan los obstáculos técnicos y económicos que Japón ha comenzado a superar. Según expertos de la Universidad de Melbourne, el uso de salmuera de plantas desalinizadoras, como en Fukuoka, aumenta la eficiencia energética al maximizar la diferencia de concentraciones salinas. Sin embargo, el alto costo de fabricación de membranas y la energía requerida para bombear agua siguen siendo barreras. Investigaciones en Australia señalan que regiones con fuentes de agua salobre, como lagos salados o plantas desalinizadoras, podrían beneficiarse si se realizan las inversiones necesarias. Las mejoras en membranas y sistemas de bombeo son esenciales para escalar los prototipos y hacer la energía osmótica más competitiva.
Un futuro sustentable
La planta de Fukuoka no solo representa un hito tecnológico, sino también un modelo para integrar la producción de agua potable y energía limpia. Este proyecto refuerza el potencial de la energía osmótica como una alternativa estable y de bajo impacto ambiental, ideal para ciudades en crecimiento. Japón, con esta iniciativa, invita al mundo a explorar esta tecnología como parte de la transición hacia un futuro más sustentable, demostrando que la combinación de innovación tecnológica, infraestructura estratégica y compromiso político puede superar los desafíos que frenaron a otros pioneros como Noruega y Corea del Sur.