En un fenómeno viral que sacude las redes sociales en Argentina y Uruguay, la subcultura therian –jóvenes que se identifican como animales, caminan en cuatro patas y usan máscaras de perro, gato o lobo– genera controversia similar a las pasadas olas de floggers y emos. Videos en plazas de Buenos Aires y Montevideo desatan debates sobre modas juveniles, identidades y preocupaciones psicológicas, mientras expertos comparan el backlash con juicios históricos a subculturas. Explora por qué los therians molestan tanto y cómo esta tendencia desafía normas sociales.
La subcultura therian, que implica una conexión espiritual o identitaria con animales no humanos, ha explotado en visibilidad. Adolescentes de 12 a 18 años se congregan en espacios públicos como la Plaza San Martín en Buenos Aires o la Plaza Independencia en Montevideo, adoptando comportamientos como caminar a gatas, ladrar o maullar, y vistiendo orejas y colas. Videos en TikTok e Instagram acumulan millones de vistas, convirtiendo estos actos en un debate social candente. Pero no es nuevo: recuerda a los floggers de fines de los 2000 en Argentina, una tribu urbana nacida en Fotolog, con ropa colorida, peinados extravagantes y bailes de cumbia electrónica en plazas, o a los emos, con su estética oscura, eyeliner y letras emocionales, que dominaron la escena global en la misma época.
El paralelismo es evidente. Los floggers fueron ridiculizados por su "superficialidad" y dependencia de redes sociales primitivas, mientras los emos enfrentaron estigmas de depresión y autolesión. Hoy, los therians reciben un backlash similar: burlas en redes, memes que los caricaturizan como "locos" o sugerencias extremas como "meterlos en un manicomio" o "darles comida de perro", según comentarios virales en Instagram y Facebook. Psicólogos como María López señalan que este rechazo podría reflejar miedos sociales más profundos: "Los therians buscan pertenencia en un mundo post-pandemia, pero la sociedad los ve como una amenaza a la normalidad, ignorando problemas reales como la desigualdad o el maltrato infantil", explica en análisis compartidos.
¿Por qué molestan tanto a los therians? Para ellos, el acoso constante –desde miradas en panaderías hasta peleas "therian" grabadas en Uruguay– genera aislamiento. "Nos tratan como freaks, pero solo expresamos nuestra identidad", comparte un therian anónimo en foros. Expertos en antropología cultural argumentan que el rechazo proviene de una hipocresía colectiva: la gente tolera violencias cotidianas pero se ofende con expresiones inofensivas que desafían lo humano-animal. En Buenos Aires, meetups therian incluyen talleres de autodefensa emocional, mientras en Montevideo se reportan intervenciones escolares para fomentar empatía, similar a cómo se manejaron los emos en su auge.
Este resurgir de subculturas juveniles no es aislado. Desde Estados Unidos y Europa, el therian se adapta localmente con humor rioplatense, pero revive juicios pasados. ¿Definirá esta ola la Generación Z, o pasará como los floggers? Lo indudable es que expone tensiones sobre salud mental, identidad y tolerancia en una era hiperconectada.