Argentina envejece a toda velocidad: de país joven a nación adulta en solo un siglo

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Un informe de Argendata, respaldado por los censos del INDEC, advierte que el país ya no es el mismo: la pirámide se invirtió, la edad mediana superó los 32 años y los mayores de 65 años son más del doble que hace 50 años, con un aumento acelerado en mujeres longevas. ¿Estamos preparados para lo que viene?

Argentina ya no es el país joven que era. Un nuevo estudio de Argendata, la plataforma independiente de análisis de datos nacionales, confirma que el envejecimiento poblacional se aceleró de manera dramática en las últimas décadas y coloca al país frente a uno de los mayores desafíos sociales y económicos del siglo XXI. Los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 del INDEC lo confirman con precisión: la población total alcanzó los 46.234.830 habitantes, con una estructura etaria cada vez más inclinada hacia la vejez.

En 1869, más del 54 % de los argentinos tenía menos de 20 años y apenas el 1,9 % superaba los 65. Hoy, en 2025, los menores de 20 años representan menos del 30 % de la población, mientras que los mayores de 65 años alcanzan el 12,4 %. La pirámide poblacional, que antes tenía una base ancha y una punta angosta, se volvió casi rectangular.

El dato más impactante es la edad mediana: pasó de 17 años en el primer censo nacional a 32,4 años en 2025. Solo entre 2000 y 2025 aumentó más de cinco años, uno de los saltos más pronunciados de la historia reciente. Según el Censo 2022, esta mediana se sitúa en 32 años, dos más que en 2010, con variaciones regionales: 34 en el Gran Buenos Aires y Pampeana, y 29 en el Noreste.

El fenómeno responde a la clásica transición demográfica: fuerte caída de la fecundidad (las argentinas tienen en promedio 1,5 hijos) combinada con una notable reducción de la mortalidad que permite vivir más años. El resultado: cada vez menos nacimientos y cada vez más personas llegando a edades avanzadas. En el Censo 2022, el 22 % de la población tiene entre 0 y 14 años (niños), el 66,1 % entre 15 y 64 (jóvenes y adultos), y el 11,9 % más de 65 (adultos mayores), un salto del 10,2 % registrado en 2010.

Desglosando por sexo y grupos etarios –basado en estimaciones del Censo 2022–, los niños (0-14 años) suman unos 10.170.000 habitantes: 5.200.000 varones y 4.970.000 mujeres, representando el 24,4 % del total. Los jóvenes y adultos (15-64 años) alcanzan los 30.500.000: 14.800.000 varones y 15.700.000 mujeres, un 66,1 % que aún sostiene el bono demográfico. Pero el envejecimiento es evidente en los mayores de 65: 5.500.000 personas, con 2.200.000 varones y 3.300.000 mujeres (un 60 % del grupo son mujeres, gracias a su mayor esperanza de vida de 78 años frente a 72 de los hombres). Este desequilibrio se acentúa en edades extremas: para mayores de 85, hay 228 mujeres por cada 100 varones.

Mirando la evolución en los últimos censos del INDEC, el aumento de la vejez es innegable. En 1991, los mayores de 65 eran el 8,3 % (alrededor de 2,7 millones); en 2001, subieron al 9,1 % (3,3 millones); en 2010, al 10,2 % (4 millones); y en 2022, al 11,9 % (5,5 millones). Las mujeres mayores, en particular, crecieron del 5,5 % del total en 1991 al 7,1 % en 2022, reflejando un envejecimiento más acelerado en ellas. La relación de dependencia de adultos mayores pasó del 18 % en 2010 a 18,4 % en 2022, con 53 mayores de 65 por cada 100 niños de 0-14, duplicando el índice de 1970.

En las provincias, la longevidad también muestra diferencias marcadas. Chubut lidera el ranking nacional con 8,7 centenarios por cada 100.000 habitantes, una cifra que duplica el promedio del país y refleja las mejores condiciones de vida en la Patagonia. La Ciudad de Buenos Aires tiene el 17,7 % de mayores de 65, el más alto del país.

A nivel regional, Argentina fue pionera: a mediados del siglo XX tenía indicadores demográficos similares a los de Europa. Hoy, sin embargo, la edad mediana argentina es 12,9 años menor que la de España, y países como Chile, Uruguay y Costa Rica ya nos alcanzaron o superaron en velocidad de envejecimiento.

Pese al panorama, Argendata destaca un dato esperanzador: Argentina aún disfruta de un bono demográfico. La población en edad de trabajar (20-64 años) sigue siendo mayoritaria respecto de niños y jubilados. Esta ventana de oportunidad, que comenzó en los años 90 y se extendería aproximadamente hasta 2040, permite aumentar el ahorro, la inversión y el crecimiento si se aplican las políticas públicas correctas.

El informe cierra con una advertencia clara: “El envejecimiento poblacional supone un cambio radical en la estructura por edades y será uno de los principales desafíos demográficos, económicos y sociales de las próximas décadas”.

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