La luz artificial de nuestras ciudades está cambiando el canto de las aves

Diversidad

La luz artificial nocturna no solo ilumina nuestras ciudades, sino que también está reprogramando el comportamiento de las aves. Un nuevo estudio publicado en Science por los investigadores Brent Pease (Southern Illinois University Carbondale) y Neil Gilbert (Oklahoma State University) demuestra, mediante datos masivos y herramientas de inteligencia artificial, que las aves diurnas prolongan su actividad cantando hasta una hora más en entornos con alta contaminación lumínica.

Este fenómeno es especialmente notable en ciudades como Chicago, Houston, Dallas, Los Ángeles, Nueva York, Atlanta, St. Louis, Minneapolis, Kansas City, Washington, D.C., San Antonio y Filadelfia, identificadas como las más peligrosas para las aves migratorias debido a su intensa iluminación. Este descubrimiento no solo resalta un fenómeno curioso —“los pájaros se acuestan más tarde en la ciudad”—, sino que abre un debate crucial sobre los efectos de la luz artificial en la fauna, el rol del machine learning en la ecología y los retos para equilibrar eficiencia, seguridad y biodiversidad.

De un experimento local a un análisis global

Todo comenzó con un proyecto de divulgación. Pease instaló un micrófono conectado a un ordenador en el Touch of Nature Outdoor Education Center para retransmitir en tiempo real el canto de las aves a su facultad, a 13 kilómetros de distancia. Lo que empezó como una iniciativa para captar la atención de estudiantes se convirtió en una plataforma de monitorización continua del comportamiento aviar. Gracias a la tecnología BirdWeather, que combina sensores, geolocalización y Wi-Fi, y a la base de datos BirdNET (desarrollada por la Universidad de Cornell y la Universidad de Tecnología de Chemnitz), los investigadores accedieron a un flujo constante de datos acústicos de miles de especies.

El avance clave fue el uso de algoritmos de machine learning para transformar 180 millones de vocalizaciones en espectrogramas, representaciones visuales únicas de cada canto. Con un banco de 6.000 especies registradas en BirdNET, los investigadores identificaron automáticamente cada emisor y cruzaron los datos con imágenes satelitales de niveles de contaminación lumínica global. El resultado: una cartografía conductual inédita que muestra cómo la luz artificial altera los ritmos biológicos de las aves a escala planetaria, especialmente en grandes urbes como Chicago, Houston y Dallas, que lideran las listas de ciudades con mayor impacto en aves migratorias debido a su ubicación en rutas migratorias clave.

«El algoritmo de aprendizaje automático permite analizar grabaciones de audio las 24 horas del día, los 7 días de la semana, que de otro modo tardarían una vida en procesarse. Somos los primeros en usar los datos de BirdWeather de esta manera», explica Pease.

Una hora extra de “jornada laboral” y riesgos para aves migratorias

El hallazgo principal del estudio es que, en áreas con cielos nocturnos muy iluminados, las aves diurnas extienden su periodo de canto en casi una hora más respecto a su ciclo natural. Este efecto es particularmente pronunciado en ciudades con alta contaminación lumínica, donde 70% de las especies de aves en EE.UU. son migratorias y más del 80% migran de noche, lo que las hace especialmente vulnerables a la luz artificial. Ciudades como Chicago, Houston, Dallas, Los Ángeles, Nueva York, Atlanta, St. Louis, Minneapolis, Kansas City, Washington, D.C., San Antonio y Filadelfia atraen a estas aves, desviándolas de sus rutas y aumentando el riesgo de colisiones con edificios, lo que causa la muerte de aproximadamente 600 millones de aves al año en EE.UU. Sin embargo, no se dispone de datos específicos sobre el porcentaje de aves migratorias que residen o pasan por estas ciudades.

El estudio también revela que el impacto no es uniforme. Un factor determinante es el tamaño relativo del ojo: las aves con ojos más grandes son más sensibles a la luz artificial y modifican más su comportamiento. Este vínculo entre fisiología visual y contaminación lumínica es un descubrimiento clave. Pero, ¿es este cambio positivo o negativo? Aunque una jornada más larga podría ofrecer mayores oportunidades de alimentación o reproducción, también implica menos descanso y un posible estrés fisiológico, con efectos aún desconocidos para la salud de las aves.

Ciencia ciudadana y tecnología al servicio de la biodiversidad

La tecnología BirdWeather ha recopilado 1.400 millones de vocalizaciones desde 2021, provenientes de 11.000 lugares en todo el mundo. Lo que comenzó como una herramienta para que las personas identifiquen aves en sus patios traseros se ha convertido en una fuente de datos sin precedentes para la ciencia. «Esta es la ciencia ciudadana en su máxima expresión. Neil y yo estamos comprometidos a seguir usando esta tecnología para la conservación de la vida silvestre», concluye Pease.

Este estudio no solo pone en evidencia los efectos de la contaminación lumínica en la fauna, especialmente en aves migratorias atraídas por ciudades brillantes, sino que también destaca el potencial de la inteligencia artificial para transformar nuestra comprensión del mundo natural y los desafíos que plantea la iluminación moderna.